Desde unos dos años sospecho firmemente que mi mamá ha sido abducida por unos aliens, y no importa qué haga, no importa si la meto en un geriatrico, si la llevo al psiquiatra o si le meto litio por los oídos, mi mamá no regresará hasta que los aliens me la devuelvan. ¿A qué viene esto?, bueno, estaba ahorita recordando que hace un año fuimos a la primera comunión de una prima y días previos mi mamá fue y se compró un collarín, hasta acá suena normal, cualquiera puede usar un collarín, total, las lesiones en el cuello no son exclusivas, cualquiera de nosotros puede disparar la bala en la pistola de las dolencias físicas. La cuestión es que mi mamá no sufre de problemas en el cuello, columna ni nada similar. Lo único que mi mamá sufre es una adicción terrible hacia la Pepsicola, la cual, incluso, considera medicinal.
La cuestión es esta: un día estoy viendo una película en el cuarto de mis papás, pero estaba en el piso, así que no podía ver a mi mamá que estaba en la cama leyendo, llega mi papá de la calle y en lugar de saludar como siempre lo hace, alarmado preguntó que qué le había pasado a mi mamá, me paro del suelo rápidamente, porque el tono en el que dijo eso fue como si le hubieran arrancando los ojos a mi mamá y reposaran en la peinadora con un par de cucharillas para comer caracol y una copa de vino. ¿Qué ocurrió? Mi mamá leía con un collarín puesto.
Sí, claro, quizás pudo haberle ocurrido algo, y tan mala hija soy que estaba echada en el piso y no me di cuenta que traía un collarín, pero juro por la verruga de Chávez que cuando entré a ese cuarto a ver películas ella no tenía nada puesto en el cuello, no me pueden juzgar.
El punto es: mi papá le preguntó que qué le había pasado, si estaba bien, que por qué no lo llamó y otro par de preguntas de esa misma naturaleza, ella de lo más descarada, desfachatada, caradura e indolente dijo que no le había pasado nada, simplemente fue a Locatel a comprarse el collarín porque estaba muy cansada y aún le faltaba mucho por leer, el cansancio le hacía cabecear y para no quedarse dormida cabeceando, decidió comprarse un collarín por si se quedaba dormida sentada. Sí, mi mamá usa collarín para no cabecear de sueño.
Yo leo mucho, desgraciadamente no leo lo que quiero, leo lo que mi universidad, y actualmente mi trabajo, me obligan a leer, hablamos de lectura tediosa, densa, nada fácil de digerir ni mucho menos soportar. Y suele darme sueño mientras lo hago, pero simplemente me echo a dormir en la cama, si tengo que dormir encima de copias, libros, cuadernos, hojas o guías; lo hago, estoy preparada para dormir sobre mi material de estudio, con las copias tapándome la cara, para dormir en el borde de la cama como si estuviese cuidando a mi hipotético hijo de meses, con la laptop en la barriga, con la laptop en el borde la cama, con fotocopias de almohada, entre otros tantos estilos. Y jamás, léase bien, jamás se me ha ocurrido, ni mucho menos necesito, usar un collarín para leer. En todo caso lo usaría para fingir un accidente y: a) retener a mi hipotético novio -aunque los clásicos nunca mueren, nada como fingir un embarazo-; b) salvarme de alguna responsabilidad como entregar un texto hecho, artículo o algo así y poder postergar la fecha de la entrega; c) no presentar un examen -y vaya, que hubiera sido genial, lástima que apenas ahora se me ocurre-; d) hacer sentir miserable a alguien y generarle cargo de conciencia tras culparle por mi lamentable situación.
Desconozco el paradero del collarín hoy día, al llegar a mi casa debo preguntarle a mi mamá qué ocurrió con él y por qué dejó de usarlo repentinamente, tal vez no fue tan útil como ella pensó o simplemente pensó que estaba lista para pasar de nivel y pegarse tirro en los parpados de aquí en adelante.
La cuestión es esta: un día estoy viendo una película en el cuarto de mis papás, pero estaba en el piso, así que no podía ver a mi mamá que estaba en la cama leyendo, llega mi papá de la calle y en lugar de saludar como siempre lo hace, alarmado preguntó que qué le había pasado a mi mamá, me paro del suelo rápidamente, porque el tono en el que dijo eso fue como si le hubieran arrancando los ojos a mi mamá y reposaran en la peinadora con un par de cucharillas para comer caracol y una copa de vino. ¿Qué ocurrió? Mi mamá leía con un collarín puesto.
Sí, claro, quizás pudo haberle ocurrido algo, y tan mala hija soy que estaba echada en el piso y no me di cuenta que traía un collarín, pero juro por la verruga de Chávez que cuando entré a ese cuarto a ver películas ella no tenía nada puesto en el cuello, no me pueden juzgar.
El punto es: mi papá le preguntó que qué le había pasado, si estaba bien, que por qué no lo llamó y otro par de preguntas de esa misma naturaleza, ella de lo más descarada, desfachatada, caradura e indolente dijo que no le había pasado nada, simplemente fue a Locatel a comprarse el collarín porque estaba muy cansada y aún le faltaba mucho por leer, el cansancio le hacía cabecear y para no quedarse dormida cabeceando, decidió comprarse un collarín por si se quedaba dormida sentada. Sí, mi mamá usa collarín para no cabecear de sueño.
Yo leo mucho, desgraciadamente no leo lo que quiero, leo lo que mi universidad, y actualmente mi trabajo, me obligan a leer, hablamos de lectura tediosa, densa, nada fácil de digerir ni mucho menos soportar. Y suele darme sueño mientras lo hago, pero simplemente me echo a dormir en la cama, si tengo que dormir encima de copias, libros, cuadernos, hojas o guías; lo hago, estoy preparada para dormir sobre mi material de estudio, con las copias tapándome la cara, para dormir en el borde de la cama como si estuviese cuidando a mi hipotético hijo de meses, con la laptop en la barriga, con la laptop en el borde la cama, con fotocopias de almohada, entre otros tantos estilos. Y jamás, léase bien, jamás se me ha ocurrido, ni mucho menos necesito, usar un collarín para leer. En todo caso lo usaría para fingir un accidente y: a) retener a mi hipotético novio -aunque los clásicos nunca mueren, nada como fingir un embarazo-; b) salvarme de alguna responsabilidad como entregar un texto hecho, artículo o algo así y poder postergar la fecha de la entrega; c) no presentar un examen -y vaya, que hubiera sido genial, lástima que apenas ahora se me ocurre-; d) hacer sentir miserable a alguien y generarle cargo de conciencia tras culparle por mi lamentable situación.
Desconozco el paradero del collarín hoy día, al llegar a mi casa debo preguntarle a mi mamá qué ocurrió con él y por qué dejó de usarlo repentinamente, tal vez no fue tan útil como ella pensó o simplemente pensó que estaba lista para pasar de nivel y pegarse tirro en los parpados de aquí en adelante.
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